Influencia del Hombre en el Terruño

Nuestra filosofía es respetar al máximo el equilibrio de cada parcela y nuestra obsesión es llegar a comprenderla para obtener de ella su mejor expresión. Hay factores como el clon de la variedad o el porta injertos (161-49, SO4, 41B,..) en los que sólo se interviene en el momento de plantación pero hay otros como la poda (numero de yemas), tipo de trabajos en verde (desbrotado, deshojado, quitar nietos o caballos, despuntar, tirar uva,..), cubiertas vegetales (simple, doble o ninguna) que cada año volvemos a discutir según la observación de la viña durante ese año, la calidad de la vendimia y las analíticas anuales de peciolos y mostos. No usamos herbicidas, la tierra se labra o dejamos cubiertas vegetales según las posibilidades de la parcela. Desde el año 2007 estamos inscritos en el Consejo Catalán de Producción Integrada y ya entonces empezamos a usar feromonas para el control de la polilla. Somos herederos de una finca histórica que queremos cultivar y mantener. Por ello estamos desarrollando un proyecto de gestión sostenible en toda la finca. Disponemos de un sistema de recuperación de aguas pluviales para abastecer nuestro lago que riega nuestros bosques y pastos de riera, participando en nuestro microclima y multiplicando la biodiversidad de la finca. Para el mantenimiento de nuestros bosques del Serral y de la riera hemos recuperado la filosofía agrícola de combinar el cultivo agrícola con la actividad ganadera, incorporando la vaca rústica de las alberas así como las ovejas que pastan por nuestras cubiertas vegetales en los meses de invierno. En nuestros márgenes de la vertiente sur cultivamos almendros, y robles en la vertiente norte.


EL CICLO DE VIDA EN RAVENTÓS I BLANC.

Caída de la hoja: Con los primeros fríos del Otoño, los viñedos van cambiando de color. Las hojas pierden su tradicional color verde y van apareciendo tonalidades amarillentas convirtiendo los viñedos en un marco natural incomparable. Después caen, desnudando la cepa. Empieza el paro invernal.

El paro invernal: Con el frio invernal, la cepa permanece dormida, sin movimiento. La savia no circula por sus tejidos vasculares. Todo está parado, están durmiendo. Son días húmedos, helados, con pocas horas de sol. Todo está quieto.

La poda: En esta parada invernal comienza de nuevo la tarea del viticultor. Se ha analizado la cosecha anterior y llega la hora de decidir la nueva poda. Cada cepa es una obra de arte. En cada corte hay que buscar la máxima calidad. De ello depende la próxima cosecha.

El despertar: Con los primeros calores de la primavera, la cepa empieza a notar el impulso de la nueva estación. Por las heridas de la poda, aun recientes, caen las primeras lágrimas. La savia ha empezado a circular. Es el despertar de la primavera. La cepa "llora".

La poda en verde: Obsesionada en crecer, la cepa desarrolla nuevas hojas que cubren el fruto de su esfuerzo: el racimo. Es el viticultor quien determina la cantidad de hojas necesarias para el equilibrio de la cepa. La poda verde es una práctica cultural importante y necesaria para la buena calidad de la cosecha. El sol, el aire y el hombre la determinan.

La floración: La primavera es tiempo de aromas. Los viñedos desprenden el suave perfume de los racimos en flor. Este olor penetrante e inconfundible nos señala el inicio de la última etapa del ciclo vegetativo.

La selección: En Julio, cuando los racimos han crecido y los granos alcanzan el tamaño de un guisante, es el momento de valorar la cantidad que debemos dejar en cada cepa para el buen equilibrio de la cosecha. Es el viticultor quien decide. Manos expertas seleccionan los racimos a eliminar, a tirar al suelo. Siempre buscando la máxima calidad del fruto.

La maduración: El racimo, con el calor y el sol de agosto, inicia el cambio definitivo. Los granos de uva blanca se vuelven transparentes: es el envero. La acidez baja y el azúcar aumenta día a día.

Controles de maduración: Se cogen muestras de uva de cada una de nuestras parcelas para determinar el momento más idóneo para iniciar la vendimia. Sólo así conseguimos un equilibrio perfecto entre acidez y azúcares de nuestros mostos.

La vendimia: Ha llegado el momento más importante para el viticultor. Hemos de recibir el fruto del esfuerzo realizado durante todo el año. El examen del trabajo realizado. De madrugada, los vendimiadores acuden al viñedo, y con delicadeza, cortan los racimos, mimándolos, para obtener el mosto deseado, siempre obsesionados en la calidad.